
¡Bienvenidos Todos! Mi nombre es Julio Rodríguez y soy amigo del artista José Jorge Román, residente de este lugar. Tengo el privilegio de ofrecerles una introducción para la develación de su obra “Lamento Borincano”. Esta creación fue inspirada por la canción de Rafael Hernández, escrita en el 1929 durante una crisis económica en PR.
Para la promoción de esta actividad se incluye a John Baldesary, el cual fue uno de los artistas más influyentes del siglo XX y principios del siglo XXI, que se le atribuye el cambio en la forma en que muchas personas entienden el arte contemporáneo. Entre sus estrategias utilizaba el humor, la ironía y el juego visual para cuestionar que es el arte y cómo interpretamos las imágenes.
Inspirado por el legado de Baldesary, José Jorge Román utiliza en su obra el sistema de lectura de los ciegos conocida como: “Braille”. Muchos de nosotros estamos ciegos ante la realidad existente donde los principios básicos de convivencia se han deteriorado significativamente. No obstante, el mensaje oculto de su obra puede ser revelado para todos nosotros que podemos visualizar la realidad y buscar el bien común.
Cabe destacar que fue precisamente en esta propiedad donde José Jorge Román tubo la inspiración para crear su obra original del Lamento
Borincano en el 2004. Fue diseñada en Braille y desplegada en 55,000 pies cuadrados de paredes a la salida del Tunel de Minillas en la Avenida Baldorioty de Castro. Lamentablemente esta obra fue removida por instrucciones del DTOP sin la autorización del autor, ni mediar ningún acuerdo.
Resulta interesante que ya han transcurrido 97 años desde que se compuso la letra del Lamento Borincano y que aún tiene relevancia con la realidad del PR de Hoy. En el 1929 la pobreza era económica, pero en la actualidad la pobreza es mayormente moral, especialmente desde las instituciones gubernamentales. Es alarmante como el interés de inversionistas privados consiguen el patrocinio de líderes del gobierno para lucrarse mutuamente a costa del bienestar del pueblo puertorriqueño humilde.
Las intenciones del Municipio de San Juan en coordinación con una Empresa Privada para Desalojar a José Jorge Román es un vivo ejemplo de esta situación. Cabe destacar de que él lleva residiendo en esta propiedad 28 años y ha intentado en múltiples ocasiones contactar al Municipio para resolver la legalidad de su residencia. No obstante, el Municipio no ha sido receptivo y no se ha logrado una comunicación efectiva para llegar a un acuerdo que beneficie ambas partes. Actualmente, el Municipio cataloga su residencia como un estorbo público y contempla su desalojo para establecer Airbnb.
Debo puntualizar que fue precisamente en este lugar conocido en el 2012 como “Centro Curatorial La15”, donde se originó lo que se conoce hoy como “Santurce el Ley”. Gracias a la iniciativa de José Jorge Román se creó la exposición “Chiquitolina”, en donde se presentaban obras de pequeño formato, con la participación de sobre medio centenar de artistas. Eventualmente, estas presentaciones evolucionaron para convertirse en lo que conocemos como Martes de Galería y que hoy estamos disfrutando.
Como Biólogo y Arbolista de profesión debo resaltar la presencia de un árbol de Quenepa gigante en el patio de esta residencia. Muchas personas incluyendo colegas en mi profesión pensarán en la necesidad apremiante de removerlo para proteger estructuras e infraestructura existentes. No obstante, los beneficios de la permanencia de este árbol en un área densamente poblada pudieran ser de mayor contribución para minimizar el calor extremo que estamos confrontando. De igual manera realizar este desalojo podría beneficiar a un sector con intereses económicos, pero limitaría la continuidad en la expresión artística en este sector. Por tal razón, tanto la posibilidad del desalojo de mi amigo Georgy, como la posibilidad de la remoción del árbol de Quenepa, deben ser evaluados con mucho discernimiento para tomar la decisión correcta por el bien común.
En vista de lo antes mencionado y con el asesoramiento legal, hubo la necesidad de instalar este letrero que vemos frente a su residencia. Hago referencia a la canción de Gustabo Cerati “Mantra de mis Labios”, para que el letrero que aquí vemos nos sirva de inspiración para declararlo a viva voz.
Favor de leerlo conmigo: “MUNICIPIO DE SJ - AQUÍ VIVE GENTE - NO AL DESALOJO - NO A LA ESPECULACIÓN INMOBILIARIA - FIN AL TRUCO DE LOS ESTORBOS PÚBLICOS”. Perdonen, creo que el Alcalde no lo escuchó. Podemos repetirlo con más fuerza.
Finalmente, no puedo culminar mi elocución solicitando solidaridad en contra la posibilidad de este desalojo. De igual manera, también es momento de mostrar empatía con la triste situación de nuestro hermanos Venezolanos.
¡Gracias por su atención!

Twenty years. That’s how long a lament lasts. At least for the government of Puerto Rico, which in 2024, without prior notice, removed the public art installation 2112 by José Jorge Román, Georgie, from its place on the retaining walls of Baldorioty de Castro Avenue. It was a work of immense scale. Remember it? Fifty-five thousand square feet, 90,000 plastic mounting rings and 30,000 ceramic half-spheres that together spelled out Rafael Hernández’s famous song “Lamento borincano” in Braille.
The despoiling of a work like 2112 was part of a political scheme that predated it. As is all too well known, especially since the summer of 2019, our government has preferred a “Puerto Rico without Puerto Ricans.” The rest has been self-fulfilling prophecy: displacement, gentrification, the sacking and pillaging of protected lands, et cetera, et cetera, et cetera. Even this space, La 15, is in danger.
On the debris of our collective memory another luxury home is being built, another coworking space, another coffee spot. What places do we still have left? In a panorama such as this, the line between the public and the private blurs and fades. Lamentably yes/no makes it clearer. Román makes this installation a ceremonial space that invokes the past with a silent song. Like a secret, he has written, in Braille, two words and a name: “Lamento borincano” and “Rafael Hernández.” All perfectly sealed, every red and blue circle. The colors of our flag.
The play between image and word reminds us of John Baldessari, to whom Román devotes a piece of this exhibition. In Baldessari’s portfolio Visionare 64 Art, black and white portraiture is center stage, with slight interventions by colors in relief. Susan Sontag described photography as a theft, a violation, a killing. Baldessari luxuriously decorates each crime. With reds, blues, greens, and yellows. Not to hide the faces, perhaps, but to proclaim them. Something of the sort also happens, unquestionably, in Román’s work. The certainty of something beautiful is almost blind. But all it takes is fine-tuning your eyes a little to read the hidden image: crimes which, highlighted, have pretended to be history.
Pop! That’s the sound of a pistol. Quoting the art of Baldessari in one of his most Warholian expressions is absolute. The conceptual language of the image. Or the conceptual image of language. Both artists start from there. But the connections between Baldessari and Román go beyond that. They even share a common interest: plants. Kinda weird, but there it is. In one of Baldessari’s video pieces, Teaching a Plant the Alphabet (1972), a hand appears and with gentle deference shows a plant the letters of the alphabet one by one. Román, then, years later, cultivates and cares for his own medicinal-plant nursery. Here, in La 15. I figure he talks to them. Shows them a rainbow of things.
Plants are strategic. They put down roots. It’s not so easy to remove them.
It’s not so easy to disappear them.
Plants, words, practices, ponderations. Coincidences between artists. In one of our phone calls Georgie reminds me of what Einstein said: “Coincidence is God’s way of remaininganonymous.” Another perfect circle.
Lamentably yes/no creates its own coincidence out of memory. Past/future. Here/there. Inside/outside. Remembering is reinhabiting. The return is always a bit overwhelming. Determined resistance, even in the realm of the invisible: a root that smiles. And retaining walls don’t matter, avenues and highways don’t matter, galleries don’t matter. Et cetera, et cetera, et cetera. For Román, they’re all the same.
Mere shortcuts for getting back home.
cleo león ricart (like that, all lowercase)
Mérida, Yucatán
May 21, 2025
Lamentably yes/no



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